Thursday, April 8, 2010

De Plutarco (Vidas)


Aquí está: página 804 de la edición de la Modern Library, traducción de Dryden: Alejandro Magno, educado por Aristóteles, dormía con la espada y una copia de La Iliada bajo la almohada. En las primeras páginas de Diario de un fumador de opio, De Quincey también nos dice que entre lo único que salvaba en sus mudanza estaba su cofre de las obras de Shakespeare. Hace unas semanas, Augie March se regocijaba en su pobreza con la lectura de las obras salvadas del fuego en la casa de su benefactor. Vargas Llosa decía en Gudalajara que casi no leía, que ahora releía, dándosela de buen Borges. Pero siendo sinceros, mano al pecho ¿Para qué perder el tiempo leyendo tantas cosas malas,si la buena literatura nos alegra la vida? Hoy, en la biblioteca de Lehman College Patricio Lerzundi presentaba fragmentos de su libro en proceso de traducción: Rostros y nos decía que miraba hacia el futuro dedicándose a leer y a escribir. Cómo diría aquella voz en la radio en Lima allá hacia fines de los 90s: ¿Para qué más?

Estoy seguro que si Alejandro Magno hubiera tenido que escoger entre la espada y La Iliada, hubiera escogido el poema de Homero. A propósito, empecé la lectura de Junta de sombras, la colección de ensayos helénicos de Alfonso Reyes, editados en buen papel y muy cuidada presentación (popular) por el Fondo de Cultura Económica. Los ensayos son una maravilla. Reyes debe haber sido el más grande de los helenistas latinoamericanos.

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